Por: Rolando Quesada Quirós.

María Justina Cerdas resalta en su salón de clase no solo porque tiene su cabello cano, ni porque su piel y su contextura anuncian que es la mayor de su grupo. Ella es de las estudiantes más destacadas por su atención en todas las materias.

“Me siento muy feliz de estar estudiando porque todas las personas tienen que prepararse”, dijo.

A sus 61 años, doña María como le dicen sus compañeros, ingresó en febrero como una alumna más a la Sección Nocturna del Liceo de Paraíso. Todas las tardes, enfundada en una chaqueta celeste, su andar tranquilo lo dirige desde su hogar, en barrio La Laguna, a la casa de enseñanza secundaria donde cursa sétimo año.

Desde el primer día, no ha parado de tomar sus apuntes de matemáticas, español y estudios sociales entre otras materias; su labor dentro de la institución es la misma que los más jóvenes e incluso participa en las actividades extra curriculares con la misma emoción y empeño.

Antes de eso, su vida se resume en una infancia que se vio truncada cuando la separaron de sus padres a los 10 años, pues la pobreza en la que vivían en Upala hizo que su mamá la enviara a dónde un familiar en San José.

“Diay, mi primer trabajo fue cuando mi tía me consiguió cuidar unos chiquitos que eran más grandes que yo”, dice jocosamente. “Al tiempo me vine a vivir a Paraíso, lugar en el que tengo más de 45 años de estar junto a mis cuatro hijos”, contó.

Durante todo ese tiempo, María Justina se las ha ingeniado para sacar adelante a su familia, por eso ha sido empleada domestica, cocinera en el desaparecido Centro Turístico Los Encinos y su trabajo formal por 23 años, en Florexpo.

Fue precisamente cuando la despidieron de esa empresa cuando se percató que ya no le sería tan sencillo conseguir donde ganarse el sustento diario y que necesitaba un título que la respaldara.

Por eso, se apuntó a sacar la escuela, tema que ya está superado y, ahora, busca con anhelo subir el escalón para convertirse en una especialista en el idioma inglés para que le abran la puerta en un Call Center.

“Yo tengo muy claro lo que quiero, estoy pagándome unas clases de inglés y vengo a estudiar aquí (Liceo de Paraíso) para formarme como se debe”, agregó. “Más adelante cuando logre ahorrar ya pensaré en la universidad”, afirmó.

De momento, María Justina, es un vivo ejemplo en el estudiantado de fuerza, deseos de superación y empoderamiento de que cuando se quiere, se puede.

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