Por: Rolando Quesada Quirós.

Pasadas las seis de la tarde, un centenar de paraiseños cumplieron con la promesa que se les hizo a los antepasados ujarraceños de llevar a la Virgen de Ujarrás, a su antiguo templo todos los años, el segundo domingo de abril.

Con la imagen puesta en el altar de la Parroquia, los aplausos no se hicieron esperar entre la multitud que lucía cansada, sudorosa pero con un dejo de alegría por concluir con la tradicional romería que engalana las calles, las casas y sus alrededores de flores, altares y fe de los parroquianos.

Y es que la tradicional caminata arrancó cuando el sol del domingo apenas asomaba sus primeros rayos. Familias enteras se congregaron en la iglesia paraiseña, muchas ya iban preparadas con almuerzos y unos bolsos gigantescos en sus corazones cargados de peticiones, oraciones y agradecimientos para “La Machita”.

La caminata hacia el valle duro casi cuatro horas y, a la vera del camino, por donde iba la procesión los globos, las flores y las imágenes alusivas adornaron por donde iba pasando la primera patrona de Costa Rica: la Virgen de Ujarrás.

Las montañas impávidas que observan el antiguo templo, fueron las primeras en sentir la pólvora que se detonó, mientras un canto de un coro anunciaba el inicio de la misa, que estuvo a cargo del padre Dónald Solano y del Obispo, Mario Quirós Quirós.

En la homilía, Quirós  y Solano anunciaron que esta semana pedirán a las autoridades gubernamentales que declaren a la romería como patrimonio histórico para que nunca desaparezca esta tradición mariana.

Entre tanta familia reunida alrededor de las ruinas, la Virgen de Ujarrás pintó el retrato de una tradición de fe, que saca de las casas a los vecinos paraiseños que al recibir la bendición en la misa, sacaron sus picadillos y sus gallos de salchichón que iban y venían entre cientos de manteles coloridos extendidos en el verde zacate.

Durante el almuerzo, aparecieron algunos grupos  musicales que acompañaron a las familias con música de alabanza.

A las 3 p. m. con el sol más tibio y con una suave brisa, los fieles acompañaron a la Virgen en su regreso al templo de Paraíso, en un recorrido interrumpido por las serenatas, los juegos de pólvora y los rezos.

A las 6 pm, quedó olvidado el cansancio, el sudor y el esfuerzo al ver a su imagen en el altar y con la sonrisa pintada en el rostro de los romeros por el deber cumplido un año más.

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