-Se declara saprissista envenenado; jugó y arbitró en segunda división y fue integrante de varios grupos musicales.

Por: Francisco Sánchez Gamboa. / Colaboró Rolando Quesada Q.

Si usted frecuenta el centro de Paraíso, es común encontrarse con “Chiqui”, pulseándola en la esquina diagonal al parque, con su puesto de periódicos, labor que realiza hace 24 años.

Gerardo Solano Chavarría, se levanta todos los días a las dos de la mañana, empaca los diarios que distribuye en los distritos paraiseños y, después de un café, antes de las 4 am, ya tiene el puesto abierto para que sus clientes tengan de primera mano la información de los rotativos.

Él es el mayor de ocho hermanos, un amante empedernido de la música, un trabajador incansable que comenzó a laborar desde muy carajillo. Este saprissista envenenado también jugó al fútbol, pero asegura que le iba mejor como árbitro.

”Soy un hombre feliz, ya a mis 67 años me siento en paz con Dios; ya viví mi vida”, comenta. “Estoy tranquilo; a nadie le debo nada, tengo a mi hijo y de él tengo a mis amores que son mis nietos; además me llevo bien con mis hermanos, qué más le puedo pedir a Dios”, afirmó.

Solano no se olvida de su infancia que, a pesar de las vicisitudes a las que se enfrentaba su familia, pudo asistir a la escuela. “Estudié de primero hasta quinto año en la Goicoechea, luego me pasaron a sexto a la Eugenio Corrales donde fui una de las primeras generaciones que salió de ahí”.

“Recuerdo que éramos muy pobres; solo había un par de zapatos de hule, entonces como mi hermano y yo estábamos en horarios diferentes teníamos que correr para poder intercambiarnos los zapatos y así ir a estudiar” rememora “Chiqui”.

“Cuando salí de la escuela tuve que ponerme a trabajar en una lechería para ayudar a mi familia, porque teníamos que sacar la casa adelante”, agregó. “Es por eso que no estuve en el colegio, aunque después lo intenté (estudiar) por la noche y llegué a noveno, pero me salí para jugar”, explicó.

Su pasión. En su juventud Solano jugó en las ligas menores de Paraíso y logró  militar en la segunda división. “Estuve solo por un año, porque en un partido contra Orión, en una barrida, me quebraron el pie en tres partes, entonces no pude continuar jugando en segunda, aunque si en canchas abiertas”.

Y es que el gusanillo del deporte lo impulsó a seguir como árbitro, luego de la lesión, y por once años pitó muchas finales en canchas abiertas. “Estuve en segunda división porque logré integrar en el panel de la Federación. Me acuerdo el primer partido que pité y fue Coto Brus contra Puriscal”.

“Chiqui” suelta una carcajada cada vez que recuerda las historias que acumuló en su tiempo en el arbitraje, como cuando en una cancha abierta, en San Rafael de Irazú, tuvo que parar el partido porque se estaba entumiendo por el frío y  “me tuvieron que dar agua dulce para calentarme y poder seguir”.

El canto, su gran amor.  Si hay algo que desvela a “Chiqui” es el poder “echarse” una ranchera o una romántica. Por eso, cada vez que puede, se lanza a entonar alguna canción que lo traslada a su época de vocalista. Sí, Solano también fue cantante y de los buenos.

Anduvo de salón en salón animando fiestas, cumpleaños y hasta presentaciones en el famoso Turístico y también en el Huracán, sitios que ya desaparecieron en Paraíso, y que se usaban como centros de diversión y de reunión en la juventud de antaño.

“Tengo 46 años sin parar de cantar, comencé con un grupo que se llamaba Los Raimons. Lo formamos Jorge Coghi, mi primo “Negro” Layo y Jorge Rodríguez “Rata”, quien era el animador”, comentó. “Me acuerdo que tocábamos en un chinamo que se llamaba La Brujita”.

“Nuestra primera presentación fue en el Huracán, es más me tuve que tomar unas pastillas para los nervios, porque había mucha gente”, recordó. “Luego hicimos un grupo que se llamaba “Los Incas”; fue de los más famosos de esa época después de los Hicsos, y fuimos los primeros en Paraíso en el género de pop. El grupo lo conformábamos Álvaro Limón, Luis Fernando Valverde, Madriz el de la Joya, Toñín Valverde, Coghi, Cuca, mi primo, Simón “Toita” y Octavio Peña”.

Este polifacético personaje brujo no duda en afirmar que vivió una época dorada con los “Incas”, porque anduvieron por todo el país compartiendo con Abracadabra y hasta con los Hicsos. Incluso, la fama que llegaron a tener les valió para cruzar la frontera y presentarse en David, Panamá, en una tradicional fiesta comunitaria que aún se mantiene.

“Pasé después por varios grupos, como uno en Pérez Zeledón llamado Popo Burgués y su grupo, pero me tuve que venir porque me dio mal de patria”, enfatizó con nostalgia. “También estuve con Súper Costa Rica en San José y el grupo Néctar”.

Aunque los calendarios han pasado, la pasión por el canto sigue intacta, como aquella primera vez, ya que “ahora canto con mi hermano Dago y nos contratan para fiestas privadas… todavía nos la jugamos”.

“Sin duda, la música me motiva cada día y más cuando voy a una presentación y al final nos aplauden. Eso me llena demasiado”.

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