Por: Francisco Sánchez.

Con su forma de ser, sonriente y ese carisma que lo hace diferente, Pablo Jose Granados Solano, el nuevo Vicario de la Parroquia de Nuestra Señora de Rescate de Ujarras  nos abrió las puertas de su casa para conocerlo más como persona.

El hijo de doña Liliana Solano y de don Adolfo Granados, vecino del  barrio Florencio del Castillo, es el  hijo mayor de una familia de tres integrantes. Dice que es un ser humano que va creciendo todos los días, donde ha aprendido a que lo corrijan cuando es necesario, aunque asegura que cuando algo no le gusta trata de estar callado y evitar problemas. “Disfruto celebrar y participar en las misas”.

Es amante de las pastas, en especial la que prepara su mamá y también la que hace el  sacerdote Donald, su color preferido es el azul  pero no por ser oriundo de Cartago. Le gusta leer y llevar un diario de su vida, ahora, también debe dedicarle tiempo a chinear su pierna por una enfermedad que lo aqieja.

Esa frase que repite mucho es “Circunstancias y situaciones”, frase que dice le salva la tanda cuando no encuentra una palabra adecuada. Pablo indica que el saber escuchar a las personas lo hace ser como es.

Una Infancia Normal. Tranquilo, obediente y aplicado, así se consideraba Pablo en su infancia. Estudió en la escuela Goicoechea donde según él,  era medio “sapillo” ya que siempre estaba metido en todo lo que podía. Aparte del estudio, le gustaba salir a jugar con sus hermanos y vecinos, es ahí donde por ciertos juegos que practicaban ya él iba viendo ese llamado de la iglesia.

Entre esos juegos muy peculiares por cierto, casi hacen que su hermana fuera al hospital, esto debido a que la llevaban en andas y se les cayó.” Que susto ese día, me acuerdo muy bien” comenta Pablo.

Además se subía a la cerca de madera de la casa donde  les predicaba a sus amigos y luego les daba una menta como si fuera la comunión. Es así que decide estar involucrado en el grupo de monaguillos de la Iglesia de Paraíso por una invitación de Mauricio, esa persona que lo acompaño en varios grupos.

Callado y muy poco sociable. Recuerda que su adolescencia fue diferente porque era un joven callado que le costaba relacionarse con sus compañeros del cole, que por cierto, toda la secundaria la realizó en el Liceo de Paraíso.

Cuenta que no era un joven que le gustaba las fiestas o mejor dicho “nada de reventones” sonríe al decirlo mientras suelta la frase. No estudio en la universidad porque la plata no alcanzaba en su casa, más bien había que colaborar con los gastos en el hogar.

Es por eso que trabajó por varios años en un aserradero, específicamente en el  Aserradero Los Murillos en Cartago y de ahí estuvo en el Parque Industrial en la empresa Conair.

Le gustaba salir a correr y caminar pero por cuestiones de la vida y por otro trabajo en Cartago, donde limpiaba bóvedas a ciertas familias de dinero, le enseñaron a jugar Golf cuando lo llevaban a los paseos. Pero dejó de hacerlo porque ese deporte es muy caro.

Fue en la juventud donde Pablo sintió el llamado a entregarse por completo a Dios, aunque su madre doña Liliana, siempre le mencionaba  que desde que estaba en su vientre, ella presentía que ya Dios lo había elegido para cumplir con esa gran responsabilidad. Para Pablo el que influyera por completo a tomar esa decisión fue San Juan Pablo II, en el Jubileo del año 2000, es ahí donde dio el sí a Dios.

Al principio fue complicado, debido a la quebradura que tuvo, pero siempre había algo en su interior que lo motivaba a seguir adelante. Además otro aspecto importante fue que siempre ha tenido el apoyo incondicional de su familia, la cual nunca lo han abandonado y son ese bordón para seguir adelante.

Entró al seminario el 18 de diciembre del 2001 pero por circunstancias que no se explica tuvo que abandonar el mismo en el 2005. Durante el tiempo que estuvo en su casa, le ayudaba a don Adolfo en cosas de madera lo que había aprendido en el aserradero. Además ejerció como profesor de religión en el Colegio de San Rafael, en el tiempo del seminario pudo estudiar y sacar un bachiller en filosofía, es por eso que también fue profesor de ética y filosofía en el Colegio Técnico Profesional  de Quebradilla, pero de nuevo cuando estaba en ese colegio, Dios lo volvió a llamar para que se uniera al seminario.

De regreso al proceso que fue en julio del 2008, para Pablo, una de las personas importantes en esa segunda oportunidad fue, el hoy Obispo de Ciudad Quesada, Monseñor Garita que para él fue como su padre en ese proceso hasta diciembre del 2010.

Solo pensé en Juan Pablo II. El 11 de junio del 2011 es su momento de máxima alegría, porque  fue su ordenación Diaconal, “solo se me vino a la mente el jubilo cuando San Juan Pablo II abrió las puertas, así sentí yo”. “Me abrieron las puertas y sabía toda la gran alegría y responsabilidad que conllevaba lo que estaba viviendo”.

Desde ese momento, Pablo ha pasado por diferente Parroquias donde cada una la lleva en su corazón porque se ha entregado por completo y ha dado el máximo sin importar sus limitaciones, desde Cot, Turrialba, Orosi, Catedral, Agua Caliente y ahora su pueblo natal Paraíso ha sido el paso que Dios le ha puesto a evangelizar.

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