Por: Rolando Quesada Q. / Fotos: Víctor Soto Sánchez.

El paisaje del valle de Ujarrás es de recuerdo y aire libre. Las extensas chayoteras que se asoman cuando uno embroca en lo más alto de la cuesta de los “Madriz” brillan como oro; las serpenteantes quebradas y el lago de la represa de Cachí como plata. Este rincón paraiseño es un lujo que pocas comunidades tienen en el país.

Ujarrás es una joya que encierra en cada esquina la historia de un pueblo. De sus ancestros. De los míos.No se pueden dejar de lado los imponentes paisajes que rodean el anillo turístico. El mirador permite enamorar la vista con las hermosas montañas, los ríos  y las plantaciones que encierran un tesoro natural que embellecen el panorama.

Las Ruinas son la máxima expresión de las raíces brujas. Imponentes nos recuerdan de donde somos, de donde venimos. Por eso, es increíble apreciarlas una y otra vez y descubrir la delicadeza de su estructura.

Sentarse bajo la sombra de un árbol es una sensación indescriptible. El viento que sopla es limpio; es de libertad. El parque luce limpio, extraordinario se podría decir. Ahora hay más “poyos” disponibles para el disfrute de la familia. Pero recuerde que hay mucho espacio donde ubicarse porque no hay nada más delicioso que extender el mantel y degustar en familia el almuerzo preparado en casa.

Así es que si no tiene planes para este fin de semana, las ruinas de Ujarrás es una excelente opción para compartir, para recordar, para sentir el beso de la brisa en la mejilla.

 

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