Por: Rolando Quesada Q

Matilde, así se llama la primera marimba que construyó con sus propias manos, Oscar Biolley Santamaría, quien con un brillo en sus ojos cuenta como durante dos años, dedicó tiempo, amor y pasión al instrumento que lleva por nombre el de su amada esposa.

Precisamente, Biolley, fue escogido por la Escuela Municipal de Música de Paraíso como la persona elegida a quien le dedicarán el “Gran concierto Costa Rica” de tan importante casa de enseñanza musical del cantón.

Pero volvamos con la famosa “Matilde”. El gusto por las marimbas, le llegó a Oscar a una edad temprana, cuando en un paseo familiar conoció el delicado y sabroso sonido que emitían en playas del Coco, unos guanacastecos tostados por el sol pero con un talento exquisito.  Ese día con apenas 8 años entendió que debía elaborar una para él. “Se lo dije a mi papá y después de ese acontecimiento nadie me quitaba de la cabeza ese sueño”.

Y así fue. Gracias a que su progenitor se dedicaba a un taller de maderas, Oscar, tenía la posibilidad de acercase más que nadie a “travesear” las herramientas de su papá y a enamorarse del pino y del cedro. Con el pasar de los años, asumió el rol que heredó gustoso en el taller de maderas.  Con 35 años de edad, aquella idea de la niñez aun le zumbaba en la cabeza.

Con esfuerzo y dedicación, los ratos libres que le quedaban en su empresa familiar los dedicaba a cortar y a afilar su proyecto. Eso sí, las semanas transcurrían y la marimba poco a poco tomaba su forma. Al cabo de dos años, el sonido marimbero sonó por primera vez en la familia Biolley Quesada.

Aquel primer golpe en las teclas no salió muy bien pues nadie sabía tocar el instrumento. “Fue gracias a Jorge (concuño) que fuimos a un curso de verano en la UCR y ahí nos enseñaron diez piezas, a mis hijos y a mí”.

“En ese proceso, le pusimos por nombre Matilde a la marimba porque es como se llama mi compañera de toda la vida y a la que le quería agradecer con ese gesto todo el tiempo de paciencia y apoyo”, comentó. “Ahí fue cuando dije que era momento de cambiar de oficio y dedicarme a la construcción de marimbas; logré armar mi propio taller y junto con mis hijos arrancamos, ahorita Oscar, el menor, es el encargado de la fabricación de los instrumentos”, agregó.

Precisamente, gracias al trabajo familiar, varias instituciones costarricenses y del extranjero han valorado la calidad de su elaboración  y de a poco han llenado sus salones con el fino sonido que emite la marimba.

La música es una de sus pasiones de por lo que siempre ha estado unido a la Escuela de Música, como colaborador o como miembro activo de la junta directiva. Por esas razones y por su dedicación a la fabricación de marimbas es que se decidió darle el reconocimiento con el concierto, de este sábado, a las 6 de la tarde, en el gimnasio del Liceo de Paraíso a Oscar Biolley Santamaría, un hombre sencillo y emprendedor, fiel a sus ideales, a su vida y a sus valores.

“Quiero agradecer a todas las personas que me eligieron, siento que no soy digno de este reconocimiento pero de verdad es maravilloso que pensaran en mí”, afirmó. “Gracias de verdad y los insto a que sigan esforzándose por la escuela de música porque es una herramienta fundamental en nuestra sociedad”, puntualizó.

De Matilde se puede decir que aún está intacta, como hace 20 años. Hermosa y brillante. Fina y dispuesta. Como quien no deja pasar los años gritando su sones y refrescando la memoria de los Biolley Quesada, que fue por ella como nació un sueño que hoy está más que cristalizado.

 

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