Por: Rolando Quesada Quirós.

Empujadas por el desempleo o simplemente deseosas de competir en todos los terrenos, cada vez son más las mujeres que desarrollan tareas y oficios que tradicionalmente estaban reservados a los hombres.

Así, no es raro ver en Costa Rica a muchas mujeres que combinan el lápiz labial con el volante o la pala. Al frente de un bus o de un taxi o atendiendo en una estación de servicio, muchas ocupaciones dejaron de ser puestos vedados para el género femenino.

En algunos casos son lugares buscados y en otros, muchas veces la crisis económica obliga a dejar los prejuicios de lado.

Betzaida Quiñones, es la protagonista de esta historia quien  desafía todos los días esa teoría, pues se abre campo en un oficio en el que los hombres llevan la delantera pero ella es la que tiene la fuerza para poner las cosas en su lugar.

Quizás usted la ha visto en alguna parada de buses de la línea de Coopepar, revisando, atareada, cumpliendo sus funciones pero su don de gente y su cálida sonrisa aliviana esa “mole” de carácter que le tiene que imprimir al trabajo que le permite llevar el sustento a su hogar.

“Betty” como le llaman amigos, compañeros y conocidos arranca su jornada cuando muchos paraiseños aún estamos dormidos. A las 2:50 de la mañana, su reloj despertador le anuncia que es momento de poner pie en tierra. Debe apresurarse para darse una ducha, comer algo y caminar desde su casa ubicada en el barrio la Joya hasta la terminal, porque a las 4 am en punto comienza sus labores como fiscal de transporte.

Eso sí, el madrugar no es nuevo para ella, pues durante muchos años trabajó al campo y durante una crisis familiar tuvo que dejar de lado sus funciones en la agricultura para ponerse las botas y comenzar a lavar carros.

“Digo yo que fue mi tercer trabajo, porque el primero fue ser madre (de tres hijos), luego al campo y al tiempo entré a Coopepar gracias a un amigo (Fran Irola) que antes manejaba bus”, dijo.  

Quiñones recordó que en ese tiempo dejaban los buses de refuerzo en San José y las funciones que le asignaban la envalentonaron para aceptar el cargo.

“Él (Fran) consideraba que si duré un año lavando carros podía hacer esa labor de cuidar los buses en San José y pues acepté,  los lavaba (los buses) y con el tiempo pasé a formar parte de los fiscalizadores de la empresa, puesto en el que tengo ya casi 8 años”, agregó.

Betzaida, quien se considera una persona afortunada por la vida, explicó que hay muchas personas que piensan que su trabajo es complicado y que no es para las mujeres pero a su criterio

“les digo que se equivocan porque todo lo que uno hace con amor y esmero da buenos resultados y  es posible hacerlo”, puntualizó.

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